Sara Philippi Izquierdo ¡Queremos dar gracias al Señor Dios!
Por una larga historia de una muy seria actuación sensitiva, hacia la solución de carencias y necesidades de los demás, fue la vida de Sarita. Austera y de noble sencillez desde su cuna, se inclina con alma y capacidad creadora, para servir en forma eficiente y comprometida a su prójimo.
Así la vimos siempre en la Protectora de la Infancia, durante esos 20 años de su vida junto a nosotros los que, ya recorriendo cada centro, cada lugar, motivándonos y aconsejándonos como así también, reprendiéndonos cuando venía al caso siempre sentimos el afecto de la madre, de la tía, de la amiga o de la abuela… fuimos, su familia extendida. En todas circunstancias, ejecutiva y tenaz promotora de valores católico-religiosos y formativos, al igual que, defensora entusiasta de nuestros valores patrios. Se involucra en el desarrollo de las personas de cualquier edad y de diferentes condiciones sociales, venidas de todos los sectores de nuestro país tanto, los urbanos como los rurales, y con esmerada dedicación, quería exaltar en ellas, los valores en los que creía les hiciesen trascender… Quiso así inculcarlos en quienes estaban a su alcance y, en los que aparecían más lejanos. Vida, con alto contenido humano y, a pesar de que los halagos no iban con su carácter y personalidad, me hago un deber hoy el destacar esas virtudes que en ella existieron de manera ejemplar y firme. Traspasó fronteras representando a Chile en innumerables seminarios y congresos de diferente índole, siempre con un objetivo acorde con su espíritu de servicio y gratuidad, hacia su entorno social. La adversidad nunca la atemorizó al contrario, la agrandaba y la movía con sano orgullo y satisfacción; claves estas que en ella, ponían en marcha el motor del desafío emprendedor, ese que la caracterizaba. A fines del año 1999 habiéndosele diagnosticado una enfermedad grave, ella lo acepta con resignación y como una advertencia, nos decía: “se acerca mi partida al encuentro con el Señor, quiere decir que ya ha llegado mi tiempo, tengo ya 80 años”… nos comentaba. Ella aspiraba, obtener esa gracia del Señor Dios; un aviso decía y, así llegar a su presencia en debida forma. Gracias Sarita por tu ejemplo, nos enaltece y nos fortalece tu recuerdo. Creyó en la vida plena junto a Él, dándonos pruebas fehacientes al sembrarnos constantemente semillas del Santo Evangelio en cada una de las personas que la rodeaban, los grandes y los chicos. Hoy ya goza en abrazo eterno con nuestro Dios y Señor, muy cerca de Su Sagrado Corazón y de nuestra Santísima Madre María y, descansa en paz. Es por todo ello que, ¡damos Gracias al Señor!
Amén. Alicia Amunátegui de Ross Presidenta Protectora de la Infancia 22 de abril de 2009
|