Hola, mi nombre es Maca, estuve en Bariloche, participando del 26° Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en esa ciudad del 8 al 10 de octubre. A nosotras, las mujeres católicas se nos reclama en los talleres que ellas (las mujeres abortistas) no van a los encuentros católicos a dar su opinión, pero nosotras somos mujeres igual que ellas y queremos expresar nuestra opinión, si no quieren que vayamos que pongan “Encuentro Nacional de mujeres abortistas” y nosotras no vamos a ir, porque realmente no somos abortistas. Lo que les digo les dará la pauta de que estas mujeres no buscan un espacio para debatir buscando la verdad, sino, que quieren imponer su ideología y la única manera que tienen es haciendo creer a la gente que esto que ellas defienden es la opinión de todas las mujeres argentinas. El Encuentro reúne mujeres de toda la Argentina. Cuenta con el apoyo de las Naciones Unidas y también del Gobierno Nacional. Funciona por Talleres (hay 53 propuestos) que al llegar a 40 participantes se tiene que dividir en otro taller. Los temas: desde mujer y lesbianismo, mujer e identidad, mujer y género, a mujeres mayores, niñas y adolescentes, mujeres, sostén de familia, pasando por mujer y trabajo, fábricas tomadas, etc. y etc. Durante el sábado a la tarde y el domingo a la mañana, con la presidencia de una coordinadora y con dos secretarias que anotan todo lo que se dice, los talleres sesionan y cada una tiene derecho a pedir la palabra y hablar durante 3 minutos o el tiempo que se haya acordado al comenzar. Los problemas empiezan cuando la que habla no tiene el discurso “oficial” del Encuentro. Este año participé del taller “Mujer e identidad”. Me ofrecí como secretaria y me aceptaron. Todo el sábado copié con mucha paciencia todo lo que decían y no pude hablar nada.
Les cuento un poco lo que decían, el principio es que ser mujer es algo que se construye, que cada una puede “deconstruir” los mandatos socialmente impuestos y construirse siguiendo sus gustos y apetencias. Que no hay nada dado, empezando por la maternidad que es una imposición patriarcal y para eso es necesario el aborto como control de la natalidad, por si fallan los medios anticonceptivos para no llegar a ser madres. Otra cosa a la que le dan mucha importancia es al lenguaje como herramienta de lucha, proponen cosas que nos parecen pavadas, como cambiar la palabra aborto (“que tiene un significado cultural muy fuerte en Argentina” por «Interrupción Voluntaria del Embarazo») o buscar palabras alternativas y cargarlas de significados que no tienen para poder de a poco cambiar la manera de pensar de la gente.
El problema empieza cuando alguien les quiere decir algo diferente de lo que ellas opinan. El domingo a la mañana, les empecé a contar de las conclusiones a las que ha llegado el Dr Albino, especialista en desnutrición infantil, sobre la importancia que tiene la conducta sexual desordenada, la falta de maternidad, la falta de identidad femenina, en los trastorno de la nutrición de los niños. Se levantaron como leche hervida, me acusaban de mujer católica, hasta me dijeron que “yo era la Iglesia Católica”, que mis estadísticas eran falsas... que venía a imponerles la maternidad. Tanto me atacaban que dos mujeres jujeñas, una madre con su hija de 23 ó 24 años, me empezaron a defender. Quiero, aparte, destacar que del lado católico sólo estábamos dos chicas de 18 años que viven en un Hogar de Jóvenes de las Servidoras del Señor y la Virgen de Matará y que, con mucho valor, una les dijo que había un solo género y dos sexos y las dos me apoyaban cuando las demás me atacaban, lo cual supone mucho valor, porque en ese momento parece que te están por matar. Por fin el domingo a la tarde llegamos a las conclusiones, las dejé divagar, estaban muy complicadas porque querían poner que la mujer era un “sujeto de lucha” pero lo querían poner en femenino y “sujeta” les sonaba a “atada”, era muy gracioso si no fuera tan triste. Al final les pedí delicadamente que incluyeran que había otra opinión que pensaba que la mujer era madre, aunque no tuviera físicamente un hijo y que era un ser para darse a los demás y que en eso consistía su felicidad. Las pobres se ve que estaban vencidas y lo pusieron sin rechistar. Y, pese a sus propios reparos, pusieron nomás que “la mujer era una sujeta de lucha (¡hasta tanto llega su desvarío!). Después venía la Marcha. Según nos habían dicho el recorrido era por otro lado y no pasaba frente a la Catedral, pero como las conocemos nos fuimos igual hacia allá. Además, algunas de las mujeres católicas habían presenciado una pelea entre dos facciones (las Rojas y las Verdes), una de las cuales, la primera, sostenía que debía pasarse por la Catedral y pintarla, que para eso habían venido. Estaba celebrando Misa el Obispo y si uno lo escuchaba parecía que habíamos venida a participar de un Encuentro enriquecedor para las mujeres, donde se debaten ideas. Yo no sé si realmente el Obispo lo cree, pero tengo que decir que por lo menos se tiene que informar mejor. Para meterse allí y expresar una idea distinta de las que ellas tienen hay que estar dispuesta al martirio. Aunque de hecho este no se concrete por ahora, nosotras sabemos que en cualquier momento “somos malas, podemos ser peor” se puede ir de las manos y matar o lastimar seriamente a alguien, De hecho, en la defensa de la Catedral nos tiraron con piedras bastante grandes. Nos tuvieron tres horas gritando en contra de la Iglesia mientras nosotros rezábamos el Rosario y nos moríamos de frío, algo pintaron porque éramos solo 270 católicos y algunos policías, pintaron unas blasfemias horrorosas, para mostrarnos qué democráticas que son. Algunas reflexiones: la batalla cultural la tienen ganada, el idioma que ellas usan y que quieren imponer es de uso corriente en nuestras Universidades, hasta en las católicas. Hay que pensar muy bien el camino para revertir esto. También para destacar algunas miserias de nuestro lado, solo 15 personas y un solo sacerdote colaboraron en la recepción de las mujeres católicas que venían de otras provincias. A ellos muchas gracias, realmente no se notó que fueran tan pocos, todo salió muy bien, pero hubiese ayudado la presencia de católicas barilochenses en los talleres, de eso, no hubo nada. También el Obispo prohibió a los sacerdotes que nos acompañaron (que hace muchos años que nos apoyan) que nos celebraran Misa, cuando uno llega de pelear con estas mujeres necesita la voz de Nuestro Salvador, su Sacrificio, para tomar fuerzas, para poder perdonar, para tener las palabras justas, le agradecemos al P. Hugo, párroco de la parroquia del Santo Cristo, que fue recargado en sus ya numerosas actividades para no dejarnos sin el consuelo de la Misa. Por fin quisiera alentarlos a todos a conocer más profundamente la doctrina de nuestro amado Salvador y Señor Jesucristo y a practicarla con toda el alma, sabiendo que en ella está la Verdad, el Bien y la felicidad en esta tierra; que lo que estas mujeres quieren imponernos, la manipulación del lenguaje, los desbordes de la sensualidad, el orgullo y la concupiscencia, llevan a odiar toda autoridad (hasta la de Dios) y nos prometen una felicidad total practicando el libertinaje sexual, son todas contrarias a las enseñanzas de Jesucristo, que no nos impuso, sino que nos aconsejó la pobreza, la obediencia y la castidad, ya que Él que todo lo sabe, sabe que sólo por ese camino llegaremos a la perfecta felicidad y no haciéndole caso a esta nuevas “burguesas del placer” ya que ellas se manifiestan muy revolucionarias pero toda su rebeldía se les acaba si se “sienten bien”. Una anécdota cuando estaban escribiendo las conclusiones, me quedé por allí para ver que pusieran nuestras humildes conclusiones y se me acerca una de las que más me había gritado y me pregunta -este año vinieron pocas ¿no? Yo sabía por dónde venía pero me hice la tonta y le pregunté: -¿de Mendoza? -de la Iglesia, me dijo sonriendo maliciosamente y provocando las risas de las otras -Yo no vengo de ninguna Iglesia, le dije y me contestó: -y entonces, ¿cómo sabés tanto? Lo cual quiere decir que si nos formamos, si lo que decimos es la Verdad, si lo decimos con caridad aunque sea en medio de la batalla, ellas lo reconocen. Ellas nos están pidiendo un testimonio mayor, a lo mejor los Obispos, los sacerdotes no estén dispuestos a darlo (aunque no todos claro) pero Dios siempre usó lo débil, lo que no cuenta, para asombrar a los grandes de la tierra. Que sean las mujeres católicas las que estén dispuestas a dar este testimonio de vida, a sacrificarnos, a hacer lo que a nadie le gusta, a buscar el último lugar, a amar sin medida, para que N. S. Jesucristo y su Santa Madre reinen en nuestra Patria.
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